martes, 20 de junio de 2017

De cómo el mensajero no tiene la culpa



“Pero las ‘noticias falsas’ se llamaban ‘información’, puesto que eran publicadas de buena fe por periodistas profesionales.” En Temerarios distribuidores de patrañas, artículo de Pierre Rimbert, publicado en Le Monde Diplomatique, enero de 2017.


En el marco de la cátedra y empezando el trimestre, se planteó la cuestión de si la red informa o desinforma, y entre otros, las compañeras Maira y Yohana presentaron sus opiniones al respecto, en sendos blogs. Se plantea una pregunta que ha sido objeto de muchas controversias, en función de la relación entre Internet y las redes sociales como espacios de circulación de la información y el control de los criterios de verdad que pueden aplicarse a la misma.
Abrí esta entrada con una cita de un artículo de El Dipló. Pocos meses después dedicaría un Dossier completo al tema, al igual que muchos otros medios vienen preocupándose de esto con frecuencia. El disparador fue la elección norteamericana, pero habituados como estamos a recibir noticias de naranjas libias sidosas, podemos asumir que forma parte de una problemática común que aparece en las redes.
Pregunto: ¿es problemática particular de las redes?
El artículo citado hace en un cuarto de página de diario la recopilación de las mentiras con las que crecieron los diarios que se hacen eco de esta crítica. Y viviendo nosotros en una realidad mediática nacional donde el espectáculo de lucha entre medios por denostarse al mismo tiempo que fabrican noticias que responden a lobbies distintos, no nos cuesta tomar rápido partido: Los medios de comunicación tradicionales (también) mienten.
No se trata de un problema de Internet, aunque en él se ve todo maximizado. Siendo una herramienta relativamente nueva, se enfrenta al temor que lo nuevo genera en nuestras sociedades. Y podemos sumarle el agravante de disputar un espacio de poder con los proveedores tradicionales de información, los mismos que construyen su alternativa en las redes y tratan de acaparar, muy de a poco, el mercado de la información digital.
Por eso, ante la pregunta de si la red informa o desinforma, decido que no puede echarsele culpa a la herramienta, de lo que hacen quienes hacen uso de ella. Simplemente, la red no creo todavía los criterios de legitimidad que se desarrollaron en otros medios. La legitimidad periodística, así como la científica y cualquier otra relacionada con la información y el conocimiento, necesita de criterios de verificabilidad. Pero también forman parte de una lucha de poder en la superestructura del sistema capitalista para definir qué intereses son capaces de imponer sus propias nociones de verdad, sus propias lecturas de mundo y sus propios focos, sobre qué información es la requerida y sobre la cual es antiético mentir. Por más que nos agarremos contra el mensajero, contra la vieja fábula, la noticia que hoy les traigo no va a cambiar: los medios mienten. Los más legitimados y los menos. Y un día la mentira aburre, y deja de ser verdad, y otras mentiras (porque todos mentimos) ocupan el lugar de las viejas, con otros portavoces. Porque la legitimidad para definir verdades se pelea día a día. Y las redes son (solamente) otro campo de batalla.


(Imagen de Miguel Brieva, un viejo fetiche)

1 comentario: