martes, 20 de junio de 2017

De publicidad y universales colonizados





MARCO TEÓRICO

Como la fotografía en Las babas del diablo de Cortázar, la imagen presenta un recorte focalizado de la realidad, pero cuyos elementos, además de relacionarse entre sí, son capaces de dispararse al exterior y reintegrarse como un todo. En un fenómeno de territorialización y desterritorialización deleuzeana, la imagen entra en contacto con el mundo exterior para cobrar sentido, y vuelve hacia adentro para reconfigurar ese mundo en una visión única de la que es significante. Barthes no se aparta mucho de esta idea al proponer un más allá integrado a la imagen, y en “Retórica de la imagen” (Communications, 1964) integra esta idea en el análisis de una publicidad. Porque, para el autor, “en la publicidad la significación de la imagen es con toda seguridad intencional (…); si la imagen contiene signos, tenemos la certeza de que esos signos están completos, formados de manera que favorecen su mejor lectura: la imagen publicitaria es franca o, por lo menos, enfática”.
Es con este marco que al interior de la cátedra desarrollamos el análisis de una publicidad específica, de Branca, con el slogan enfático de “Es como tomar sol. Todos toman el mismo.”


EL ANÁLISIS

La imagen es por sí rica en contenido. Distintos elementos pueden ser analizados de distintas formas, y así lo hicieron las compañeras Vera, Florencia, Julia, entre otras. Pero yo quiero focalizar un elemento, que es a mi gusto el que sintetiza el mensaje publicitario: la pretensión de universalidad.
Esta pretensión de universalidad se sustrae de la mixtura de texto e imagen. El texto es verdaderamente importante y es el que integra el sentido de la imagen, y no por razones inocuas está presente en un primer plano y en letras llamativas, compitiendo incluso con la imagen del producto. Al asumir “todos”, junto a la referencia del sol como algo único, se constituye una visión de mundo, del que la imagen es subsidiaria y a la cual se quiere integrar el producto. La palabra “único” junto al nombre de la marca no hace más que completar la sensación de que la pretensión de un arquetipo universal es la imagen (en el sentido de símbolo) detrás de la que se escuda la campaña. Julia señala algo similar en su análisis, y puedo diferir un poco de las palabras de Florencia en tanto no veo una argentinidad reflejada: no hay una identidad construida en oposición a otras, porque no se habla de identidad en tanto solo existe la normalidad.
¿Cuál es esta normalidad? Observemos con atención la imagen. Observamos un hombre y una mujer, ambos jóvenes, con expresiones vacías y despreocupadas, a ojos cerrados tomando sol bajo un cielo despejado que es fondo. ¿Podemos ver ahí una imagen universal? Corresponde al canon de lo normal occidental: fenotipos racializados blancos, en cuerpos  estéticamente arquetípicos para la edad asumida para la nueva vida. Hay una negación de otros cuerpos, de otras edades. Tenemos también la pareja heterosexual como definición de lo normal, y una forma de concebir el ocio: asociado al calor, imagen del uso normal de tiempo libre en vacaciones, bajo el sol y el calor (el hielo en el vaso es sugerente).
Este es el mensaje que quiere anclarse en la interpretación y diferenciarse de otros: la posibilidad del espectador de identificarse, sino en una realidad, en una representación y horizonte de la normalidad asumida como ideal, que bombardea y configura la realidad en un sinfín de imágenes externa a esta publicidad en cuestión pero en cuyo numen se territorializa, a cuyos valores uno adscribe solo y en tanto consumas el producto en cuestión, “único” para un público al mismo tiempo único y homogéneo, universal.


Bibliografía de interés:

-          Roland Barthes, Lo ovio y lo obtuso, imagenes, gestos y voces, Paidos; 3º Impresión, 2014

-          Gilles Deleuze; Félix Guattari. Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia. Editorial PRE-TEXTOS. Valencia, 1994 (versión en pdf aquí)

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